

2 Min. de lectura


3 Min. de lectura


4 Min. de lectura


2 Min. de lectura


3 Min. de lectura


4 Min. de lectura


4 Min. de lectura


1 Min. de lectura


3 Min. de lectura
Ana María Molina

El Alzheimer ha estado muy cerca de mi vida desde hace cinco años, cuando mi madre fue diagnosticada con esta enfermedad. Quiero compartir este testimonio porque sé que muchas familias viven lo mismo y, como yo, necesitan esperanza y apoyo.
Mi madre fue siempre el corazón de nuestra familia. Con mi padre criaron a diez hijos, transmitiéndonos valores que hoy guían nuestras vidas. Hoy tengo la bendición de que viva conmigo y mi esposo, y siento que es una oportunidad única para retribuirle, con amor y paciencia, todo lo que ella nos entregó durante tantos años.
En este camino no hemos estado solos. La Fundación TASE ha sido una ayuda maravillosa y un verdadero sostén para mi madre y para nosotros como familia. En su Centro Terapéutico , ella recibe terapias no farmacológicas —estimulación cognitiva, ejercicio, arte, música, compañía— que marcan una diferencia enorme en su bienestar diario. He visto cómo estas actividades le devuelven sonrisas, momentos de lucidez y una mejor calidad de vida.
Soy una fiel creyente de que las personas con Alzheimer necesitan no solo cuidados amorosos, sino un amor constante e incondicional. Esa es la clave para que vivan con dignidad. Y eso es exactamente lo que hemos encontrado en TASE: un espacio donde cada paciente es tratado con respeto, ternura y profesionalismo, y donde cada familia siente alivio y compañía.
Hoy quiero agradecer públicamente a la Fundación TASE por ser parte de nuestro día a día. Su labor es vital para quienes atravesamos este camino. Como hija, me siento bendecida por tener a mi madre conmigo y por poder devolverle un poco de todo lo que ella nos dio.
El Alzheimer cambia memorias, pero nunca borra el amor.



















Comentarios