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Alzheimer y salud gastrointestinal

  • 3 mar
  • 3 Min. de lectura

Dr. Rodny Britos

Médico Gastroenterólogo



En los últimos años hemos descubierto que la conexión entre ciertas partes de nuestro organismo, que parecían muy distantes, está cada vez más presente.


Hemos acuñado el término “segundo cerebro” para referirnos al intestino como un todo, y desde allí hemos tenido una explosión tanto de conocimiento como de entendimiento de ciertos patrones de conducta de nuestros queridos pacientes, muchos de ellos con diferentes patologías tanto a nivel cognitivo como conductual.


Desde ese enfoque me gustaría plasmar algunas vivencias y tips que quizás puedan contribuir a mejorar la calidad de vida de aquellos que se encuentran transitando el camino del Alzheimer, así como de sus familias, cuidadores y acompañantes.


Desde lo científico se ha encontrado, y se sigue encontrando, evidencia de que ciertas toxinas, de las que el intestino sano no se puede defender adecuadamente, repercuten de manera poco beneficiosa en los pacientes. Ya sea por una asociación indirecta a través de la generación de radicales libres (moléculas que provocan inflamación a nivel microscópico y favorecen la neurodegeneración), como por otras toxinas que son de difícil detoxificación y alteran la flora intestinal, el ritmo evacuatorio y el nivel de ansiedad de los pacientes.


Entonces comentemos, en unas breves líneas, diferentes experiencias en el abordaje del paciente.


Si estamos ante pacientes cuyo deterioro cognitivo es avanzado, al punto de presentar trastornos para alimentarse (ya sea por falta de deseo o por falta de motivación) con un descenso de peso marcado, tendremos que recordar que su microbiota ya está alterada por el bajo aporte nutricional, que quizás ya comiencen a tener trastornos del ritmo evacuatorio y que incluso no presenten deseo defecatorio.


Esto genera un círculo vicioso en el que el paciente puede alterarse; se llama al médico de cabecera y se piensa que está excitado psicomotrizmente, por lo que se lo trata con alguna medicación que module esa excitación, cuando quizás solo está constipado/estreñido y no lo puede manifestar, algo que posiblemente con un laxante o un enema podría mejorar.


Otro trastorno que podemos identificar en este sentido es la distensión abdominal. Muchas veces es causada por disbiosis, es decir, alteraciones de la microbiota intestinal asociadas a constipación. Los pacientes comienzan a fermentar en forma exagerada las sustancias que consumen en sus intestinos. Esto genera gas, que distiende las asas intestinales, las cuales tienen un punto en el que, a través de sus receptores de estiramiento, traducen esa distensión en dolor. Sin embargo, muchas veces el paciente no logra identificarlo y se vuelve al ciclo anterior de irritabilidad y medicación.


Ante este escenario es donde, en la práctica diaria, una herramienta fundamental son las nutricionistas, licenciadas o médicas, transformándose en mi mano derecha con los pacientes. Aportan una visión macro a un problema multidimensional que debemos compartir entre varios profesionales de la salud para lograr un abordaje integral en el día a día.

Muchas de las intervenciones son valiosas, desde el aporte de fibra insoluble (salvado, frutos secos, vegetales de hoja), que no se disuelve y añade volumen a las heces favoreciendo el tránsito intestinal, hasta las evaluaciones de talla y peso, que tanto nos aportan.


Un apartado especial en la práctica clínica merece el uso de los inhibidores de la bomba de protones, comúnmente conocidos como los medicamentos antiácidos que terminan en “prazol”. Estos fármacos son frecuentemente indicados en adultos mayores, muchas veces por períodos prolongados. Sin embargo, dado que muchos de nuestros pacientes reciben múltiples medicaciones (situación conocida como polifarmacia), es fundamental revisar periódicamente su tratamiento. Esto permite detectar posibles interacciones medicamentosas que puedan potenciar, disminuir o incluso anular el efecto de otros fármacos que resultan necesarios y beneficiosos para su salud.


Para finalizar, como aprendizaje a través de los años, hay que recalcar que el abordaje de estos pacientes debe ser multidisciplinario y basarse en una estrecha relación con los pacientes y sus familias, a fin de ayudarlos en el tránsito por esta enfermedad.





1 comentario


Tanu Singh
Tanu Singh
hace 4 días

hii

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