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Adaptación de la estimulación cognitiva en las fases de demencia


LOS ESPECIALISTAS

Víctor Hugo Minango

Terapeuta Ocupacional - Andragogo


La estimulación cognitiva consiste en aplicar técnicas o estrategias que conllevan a activar, ejercitar y entrenar las capacidades y funciones cognitivas.

Toda persona puede beneficiarse de la estimulación cognitiva, más aún las personas con deterioro cognitivo o demencia, aunque sea en un estado muy avanzado, pues, no existe momento para detener la estimulación, ese límite, única y exclusivamente, lo marcan las características cerebrales propias, previas al desarrollo de la demencia, así como la progresión y el ritmo en el avance de la enfermedad. Este entrenamiento debe ser llevado a cabo a través de actividades significativas y tareas encaminadas a preservar las capacidades funcionales en la persona con demencia, pero a la vez trabajar sobre su relación con el medio, es decir, también su afectividad y emocionalidad, ya que los estímulos, cualquiera que estos sean (auditivos, visuales, táctiles etc.), permiten esa conexión cognitiva emocional que desencadena una serie de conexiones neurales que logran activar centros funcionales cuyo impacto es altamente significativo.

De ahí la importancia de adaptar la técnica de estimulación a las diferentes etapas de deterioro cognitivo, pues no todos los seres humanos actuamos y pensamos de igual manera, más cuando las personas con demencia ya han visto, en mayor o menor medida, como algunas de sus capacidades cognitivas han ido disminuyendo con el paso del tiempo hasta cuando llega un momento que esa; en principio, dificultad para recordar cosas o lugares se va volviendo más frecuente y la falta de atención, desorientación o ansiedad se vuelven imposibles de sobrellevar y comienza la semi dependencia y la frustración.


"Entonces debemos ir al paso de las limitaciones que va presentando la persona con demencia, es decir, debemos acompañar este proceso de disminución de las capacidades cognitivas con estrategias terapéuticas de estimulación diferente, tanto en complejidad como en abordaje."

En los primeros estadios de la enfermedad, se produce un deterioro de las funciones de la memoria viso-espacial, y audio-verbal, además de afectar a las capacidades de síntesis, análisis, deducción y razonamiento.

En esta fase es posible, gracias a la constancia gnósico práxica, la adquisición de conocimientos nuevos, aunque de una forma limitada en actividades secuenciales o relacionales que no conlleven una demanda cognitiva alta, por ejemplo, es posible que la persona pueda recordar un rostro nuevo y asociarlo a un espacio o rol determinado, es lo que pasa cuando la persona con Alzheimer va conociendo a su terapeuta.

En una demencia leve o inicial, los ejercicios deberán estar enfocados en mantener el lenguaje, las funciones ejecutivas, el razonamiento lógico, la comprensión lectora y la memoria episódica, por ejemplo, el pedirle que lea y razone un texto o que salga a hacer compras servirá mucho siempre que estas actividades sean dirigidas y acompañadas por un profesional y las mismas se vuelvan significativas en su rol ocupacional.


"Cada actividad por simple que parezca es un nuevo reto para la persona con demencia, por eso la importancia de felicitar sus logros y estimular su ambiente, las actividades cognitivas deben estar acompañadas de emocionalidad para que la experiencia sea agradable y positiva."

Se recomienda en esta fase realizar tareas sencillas que ayuden a la activación mental, la orientación temporal, espacial y personal, de manera que la persona con demencia pueda situarse en todo momento y sepa dónde está o quién le rodea.

Realizar ejercicios de memoria y concentración. Lectura y escritura puede ser de mucha ayuda en este momento. Luego se presenta una etapa más difícil, un estadío moderado, con dificultad para la realización de las actividades de la vida diaria instrumentales, con limitación para ir de compras, imposibilidad de manejar un automóvil o hacer una llamada telefónica, empiezan a necesitar ayuda en las tareas más complicadas, pero aún pueden valerse por sí solos en las actividades que no son de gran complejidad.


La pérdida de memoria a corto plazo es significativa y limitante, se mezclan recuerdos presentes con pasados y la desorientación temporo espacial es muy marcada. Es en esta etapa que las actividades de estimulación van cambiando y adaptándose hacia estrategias cognitivas sensoriales que permiten enlazar las experiencias del medio ambiente con resolución de problema cotidianos como vestirse, comer, escribir o inclusive jugar.


La búsqueda de espacios de placer es necesaria, espacios que brinden calma y relajación para la persona con demencia, espacios en los que pueda sentir texturas, escuchar música, cantar o tatarear canciones de antaño que le hagan conectarse con la realidad en un mundo pasado pero lleno de afectividad y complacencia.


La estimulación pasa por generar enlaces neuronales suficientes para garantizar un trabajo mental en el que la plasticidad cerebral juega un rol indiscutible, en esta etapa debemos trabajar sobre la atención visual, auditiva, la percepción y el reconocimiento de objetos cotidianos, el reconocimiento visual con objetos reales o fotos importantes para ellos, trabajar las características físicas de los objetos: decir el color, la forma, el material, orientación espacial: dentro-fuera, arriba-bajo, etc.

Al llegar a una fase avanzada, la incapacidad del cerebro por generar nuevas conexiones hace que la plasticidad cerebral se vea interrumpida, es hora de empezar con una forma de estimulación más básica, la que entra por los sentidos, la estimulación sensorial es clave para darle la experiencia del contacto. Se trabaja en espacios especiales, salas con materiales e instrumentos que estimulan el mayor órgano sensorial del ser humano, la piel. Además, la posibilidad de experimentar sensaciones visuales y auditivas relajantes, las técnicas y estrategias terapéuticas van cambiando y adaptándose a las necesidades de la persona con demencia.

Este tipo de estimulación debe ser acompañada por un profesional, quien evaluará y posteriormente implementará el plan terapéutico adecuado a las necesidades y exigencias de la persona con demencia y que estas actividades no generen mayor frustración o apatía y que sean un medio terapéutico de atención tanto para la persona con demencia como para sus familiares.

Este paulatino cambio de actividades significativas en el trascurso de la demencia, mantienen de alguna manera las capacidades residuales cognitivas el mayor tiempo posible para que al final de este dilema humano, nos sorprenda con su crudeza e intensidad, sin atenuar, al mismo tiempo, el enorme respeto y asombro ante la capacidad del ser de transformarse y encontrar en la dignidad humana el fin último de nuestro trabajo.





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