La voz del Adulto Mayor


Hace ya más de un año que la vida nos cambió a todos. Pensamos que no duraría tanto y sin embargo aquí seguimos aún, sin volver del todo a la antigua realidad. El año 2020 y el inicio de este año 2021, han sido llenos de temor, angustia, dolor, soledad y pérdidas. A pesar de esto, este tiempo nos ha regalado muchas cosas lindas también. Hemos aprendido a valorar el contacto humano, a ver por el otro, a cuidarnos, a valorar a los nuestros y la salud. Este tiempo complejo nos ha permitido ver que somos más que nuestras posesiones, más que nuestro trabajo o dinero, esta pandemia nos ha permitido ver lo esencial, que es el amor.


Al inicio de la pandemia, me enfrenté a la dura realidad de no poder ver a mis nietos y a mis hijos. Estaba tan acostumbrada a apapacharnos, a oirles, a que me cuenten cómo les fue en la semana, a cocinarles su comida favorita. Cuando pusieron las restricciones, nos limitamos a verles a través de una pantalla. A los mayores nos tocó aprender cómo usar la tecnología, ya que solo por ese medio era posible tener contacto con las personas. Con el pasar de los meses celebramos cumpleaños, festejamos victorias, así como también lamentamos desdichas a través de una pantalla. Esto nos permitió valorar el poder de un abrazo, de un beso, el poder que tiene estar cerca de los que amamos.

Lamentablemente, muchos de nosotros hemos perdido a seres queridos. Papás, hermanos, tíos, primos, amigos e inclusive hijos. El dolor que conlleva su pérdida es muy fuerte. Perder a alguien y no poder decirle adiós es algo terrible que esta pandemia nos ha dejado. No hemos podido ir a un velorio o dar el pésame de manera correcta y eso ha sido muy duro para todos nosotros. A pesar de que esta pandemia se llevó a muchas personas que amo y solo Dios sabe cuánto los extraño, le agradezco mucho que me permita seguir aquí y que me regale aún salud para estar con mi familia. Dios ha sido muy bueno con mi familia, ya que nos permitió salir de esta enfermedad a algunos de mis hijos, nietos y a mi misma. Valoro inmensamente que haya podido salir viva de esta enfermedad pues no muchos tienen esa suerte.


Como dije antes, es posible mirar a la pandemia de dos maneras. Verla con ira y odio o verla como una lección de vida que Dios nos envió. Creo que a lo largo de toda mi vida, jamás había valorado tanto a mi familia y amigos como lo hago ahora. Nunca me había percatado de cuánta suerte tenemos al estar sanos. Todo eso que antes dábamos por sentado, hoy en día se ha vuelto una bendición para todos nosotros.


Poco a poco, estamos regresando a lo que parece una normalidad. A pesar de las nuevas variantes, de las nuevas circunstancias, parece que las vacunas podrían permitir que todo sea como antes. Pero en el fondo sé que jamás será como antes, ya que todo lo que hemos vivido nos hizo cambiar. No somos los mismos que éramos antes de la pandemia. Hemos crecido mucho, a través de duros golpes hemos tenido la capacidad de crecer a nivel espiritual. Hoy nos amamos más fuerte y un abrazo ya no lo damos por sentado. Vivimos con muchas más ganas y nos entregamos mucho más que antes.



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