La reserva cognitiva, un escudo protector contra el Alzheimer

04/12/2016

 

 

¿Cómo podemos proteger a nuestro cerebro contra la enfermedad de Alzheimer? Uno de los factores que nos ayudará a protegernos en caso de que se manifieste una enfermedad neurodegenerativa como el Alzheimer es nuestro grado de reserva.

 

Existen dos tipos de reserva, la reserva cerebral y la reserva cognitiva, ambas determinantes para tolerar mejor los efectos neurodegenerativos de la enfermedad de Alzheimer. La reserva cerebral corresponde a las aptitudes innatas biológicas de cada persona como el tamaño cerebral, la densidad sináptica, el número de neuronas, enfermedades hereditarias, entre otras. Las personas que posean un mayor tamaño cerebral, mayor densidad sináptica, etc., podrán tolerar por más tiempo el daño cerebral sin que se manifiesten los síntomas de la patología.

 

Si bien no podemos alterar las condiciones innatas, sí podemos modificar nuestra reserva cognitiva, que a diferencia de la cerebral, depende del desarrollo de nuestra inteligencia potencial, misma que está sujeta a factores como el nivel de educación, el grado de relaciones sociales que mantengamos, la actividad laboral y demás condiciones que exijan al cerebro un mayor esfuerzo. Lo que supone que las personas que estén más activas, tengan logros educativos o laborales o se interesen en aprender cosas distintas a lo largo de su vida podrán resistir mejor a las agresiones de los procesos neurodegenerativos. Esto se debe a que la reserva cognitiva favorece la conectividad de las redes neuronales y la plasticidad cerebral, lo cual hace posible un mayor desarrollo del potencial cerebral, que a su vez otorga más recursos al individuo.

 

Las personas que posean una mayor reserva cognitiva retrasarán la aparición de los síntomas de la demencia. En el caso del Alzheimer, por ejemplo, la pérdida de memoria se manifestará más tarde en una persona con mayor reserva cognitiva que en aquellas personas que no hayan cultivado su cerebro. Esto, sin embargo, no quiere decir que la reserva cognitiva detenga el desarrollo de la enfermedad, sino que evitará, tal como se postula, la aparición de sus síntomas. Una mayor reserva cognitiva, requiere por lo tanto, mayor deterioro cerebral para que empecemos a sufrir los estragos de la patología.

 

Podemos concluir entonces que mantener una vida más activa y hacer que nuestro cerebro trabaje y se esfuerce resulta un escudo protector contra las enfermedades neurodegenerativas y nos permitirá tener una buena calidad de vida por mucho más tiempo. Cabe destacar que el mantener a nuestro cerebro activo y demandar mayor esfuerzo de él no solo nos ayudará a combatir una enfermedad degenerativa, sino que además contribuye a su prevención. 

 

 

 

 

 

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